El Rincon De los Justos
Autor:Jorge Velasco Mackenzie
ESCRITOR.-
Nació en Guayaquil el 16 de Enero de 1949.
Hijo legítimo de Alfredo Velasco Hernández,
industrial guayaquileño graduado en la escuela
de la Filantrópica, propietario de una fábrica
de botones de tagua que quebró cuando aparecieron
los de plástico. Entonces instaló una
fábrica de fideos que aún mantiene;
y de Aída Mackenzie Zambrano, natural de Palestina,
hija de propietarios agrícolas.
Fue el segundo de una familia
de tres hermanos que alquilaban un departamento en
Boyacá y Loja. Cuando tenía ocho años
unos parientes subieron a su abuelo materno William
Mackenzie muy enfermo. Era un hombronazo que tocaba
muy bien la guitarra, hijo de un obrero de Jamaica
vendido al país para lo del ferrocarril.
Durante unas vacaciones en
el campo le dio la difteria y su madre. armándose
de valor y con una simple hoja de afeitar le practicó
la traqueotomía, introduciéndole por
el orificio una pluma de pavo para que pudiera respirar.
Enseguida fue traído a la Clínica Alcívar
pero el viaje fue demorado por el lento paso de la
gabarra sobre el río Daule. Después
jugó Base Ball en la escuela fundada por el
Prof. Ricardo Chacón.
En 1970 se graduó de
Contador en el Colegio Mercantil. En sus ratos de
ocio escribía poesía amatoria pero lo
que más le interesaba eran las artes plásticas,
así fue como ingresó de oyente nocturno
a la Escuela de Bellas Artes, de la que salió
en 1972, después de ser admitido en el Salón
de Julio, por una excesiva conciencia autocrítica;
dedicándose de lleno a la creación literaria
y para contraer matrimonio con Ana Cabrera Anda. Habitan
un departamento en el Callejón Zavala Gangotena
y Los Ríos, donde han nacido sus tres hijos.
Ese año se matriculó
en la Facultad de Filosofía y Letras de la
Universidad de Guayaquil y siguió estudios
de Literatura hasta 1976 que logró la Licenciatura
en Ciencias de la Educación.
En 1973 empezó a colaborar
en el suplemento Paratodos de El Universo que dirigía
Nancy Bravo de Ramsey con artículos de Arte
y Literatura- relacionados con el boom latinoamericano,
artistas y escritores ecuatorianos y hasta mantuvo
algunas polémicas. Recuerda una con Alcino
Ramírez y otra sobre orientación de
la crítica con Sonia Manzano.
Ese año 73 comenzó
a dictar las materias de Literatura e Idioma Nacional
en el Colegio Particular "Zenón Vélez
Viteri" por S/. 12 la hora, allí permaneció
cuatro años.
El 74 viajó a Cali con
Carlos Calderón Chico invitados por la Universidad
del Valle al IV Congreso de la Nueva Narrativa Hispanoamericana
y publicó su primer texto "Aeropuerto"
en la importante revista quiteña "La Bufanda
del Sol".
El 75 ganó el Primer
Premio consistente en S/. 8.000 en el Concurso de
Cuentos de la Universidad Técnica de Machala
con "Aeropuerto", cuyo argumento se le ocurrió
al despedir a una prima que viajaba a los Estados
Unidos. También logró el Primer Premio
del Concurso Nacional del Poema Mural organizado por
la Municipalidad de Guayaquil. Rafael Díaz
Ycaza, Presidente del Núcleo del Guayas, incluyó
su primer libro de relatos "De Vuelta al Paraíso"
en el Volumen cuarto de la Colección "Letras
del Ecuador", que se abre con Aeropuerto y contiene
ocho cuentos más, habiendo quedado finalista
en el Concurso de la Universidad Católica de
Quito. El libro se hizo solo, relata los conflictos
de la adolescencia, la inclusión de una ideología
definida por el Socialismo y el rechazo al sistema
imperante. Aeropuerto fue reproducido el 76 en la
revista "Puesto de Combate" de Bogotá
y en "Ancas" de Caracas.
En 1977 Díaz Icaza le
editó su segundo libro de relatos "Como
gato en tempestad" en el volumen 52 de la misma
colección. "Lo quiero como a un hijo que
me nació enfermo. Soy consciente de sus defectos
como también de su espontaneidad y frescura.
Cuenta los problemas de la adultez y técnicamente
aspiró al perfeccionamiento de la forma",
ha dicho su autor.
Su amigo el poeta Fernando
Nieto Cadena le llevó a la Universidad Técnica
de Babahoyo como profesor accidental de las cátedras
de Teoría Literaria y Poesía del Siglo
XX. El 79 alcanzó la titularidad y aún
continúa dictando ambas materias.
El 78 obtuvo el Segundo Premio
de S/. 10.000 en el V Concurso Nacional de Poesía
Medardo Ángel Silva de la Municipalidad de
Guayaquil con "Manual de Acción Imaginaria".
Ese año conformó
el grupo "Sicoseo”, palabra tomada del
argot guayaquileño que equivale a algo conflictuado
o a una tomadura de pelo. Sus miembros aspiraban a
devolver a los temas populares cierto valor estético,
desacralizar la literatura con una nueva actitud frente
al trabajo literario, lejos de la inspiración
romántica de antaño. Pensaban que escribir
es algo tan agotador como cualquier otro trabajo.
Hay que modelar el lenguaje, que en fin de cuentas
es la herramienta de la que se valen los literatos
para elaborar sus creaciones. Por eso escribir requiere
una gota de inspiración y toneladas de transpiración.
Pronto Sicoseo se haría un grupo famoso pues
fue cuna de escritores de éxito. El grupo duró
poco más de un año pero le sirvió
para comprender que era necesaria una dedicación
completa como escritor de ficciones.
El 79 presentó al Concurso
organizado por el Círculo de Lectores con sede
en Quito, el primero de los capítulos de una
novela en ciernes, mentalizada bajo el título
de "El Rincón de los Justos", y obtuvo
una beca de un año para viajar por varios países
de Europa. Estuvo en España, Italia y Portugal
y tras siete meses de ausencia regresó por
Canadá y México, antes de tiempo, porque
extrañaba mucho a su familia (1)
Nuevamente en Guayaquil editó
un tercer libro de relatos "Raymundo y la creación
del mundo" dividido en el libro de Raymundo y
en el libro del Mundo, con temas aislados originados
en diferentes lugares y países, excepto la
pequeña saga de Lomas de Sargentillo, escrita
de un solo tirón y distribuida a través
del libro como cuentos individuales. La obra tiene
un personaje determinado y una circunstancia. Raymundo
es todo el mundo, por tanto no tiene unidad sino más
bien lineamientos generales.
"El contacto directo con
destacados poetas de mi generación en grupos
literarios de avanzada, me impulsó a antologar
y prologar un libro sobre diecisiete poetas contemporáneos
que tituló "Colectivo" y salió
en 1980 en la colección "Imagen"
de Luis Marín Nieto, "pero tuve serios
conflictos personales con algunos escritores que no
estuvieron conformes con mis apreciaciones y se sintieron
afectados porque la crítica literaria en el
Ecuador siempre se torna polémica y en ocasiones
hasta peligrosa, quizá por eso no he reincidido
en esta clase de obras.
El 81 editó en el Núcleo
del Guayas un pequeño plaquet de poemas titulado
“Algunos tambores que suenan así”
en solo 46 pags. y 300 ejemplares edición casi
clandestina por su parvedad. Y como consideró
que era un libro demasiado personal, casi intimista,
se arrepintió de su publicación y lo
incineró en la terraza del edificio, salvándose
una media docena de ejemplares que había distribuido
entres sus más íntimos amigos. Por eso
es una obra fantasma, que muy pocos conocen.
(1) La Beca consistía en $300 mensuales, más
pasaje adicional por cada ciudad que visitase.
El 83 ganó el Primer
Premio en el X Congreso Nacional de Relato José
de la Cuadra de la Municipalidad de Guayaquil, consistente
en $25.000 con su cuarto libro de cuentos “Músicos
y Amaneceres” editado el 86 en Colombia mediante
convenio con la editorial El Conejo en 10.000 ejemplares
que se vendieron rápidamente.
También el 83 obtuvo
el Primer Premio de $15.000 en el IX Congreso Nacional
de obras de Teatro organizado por la Municipalidad
de Guayaquil con “En esta casa de enfermos”
editado en el N° 13 de la Revista de la Universidad
Católica y estrenada en Julio del 91 en la
Alianza Francesa por el grupo Dramático “Luz
y Sombra”. La obra trata sobre un diálogo
imaginario entre Gallegos Lara y Pablo Palacios, el
uno cojo y el otro loco, producto de los conflictos
planteados en la Dirección de la Revista “Sicoseo”.
También apareció
ese mismo año su novela escrita en Europa “El
Rincón de los Justos”, calificada no
sin razón como una desgarradora visión
sobre el mundo marginal Guayaquileño, incursión
en el género populachero del suburbio del puerto
–barrio imaginario de Mata Vivela- donde la
gente vive de alienaciones cotidianas, de modestas
ilusiones, de enfebrecidas obsesiones. Pathos heroico
y anti heroico. Narrada en primera persona. Una obra
maestra en su género y su autor pasó
por derecho propio a constar en la lista de los mayores
narradores ecuatorianos de todos los tiempos.
La obra obtuvo el 84 el Premio
a la Mejor Novela editada en el país en el
año anterior, de $100.000 para su autor y desde
entonces ha visto tres ediciones, dos del Conejo,
la segunda en la colección “Grandes Novelas
Ecuatorianas” y la tercera en Libresa en 1991.
Jorge me ha referido que los
estudiantes de la Escuela de Sociología de
la Universidad de Guayaquil la tienen de texto para
explicar la marginalidad de los personajes. Femando
Itúrburo Rivadeneira incluyó su estudio,
como parte de la tesis que sustentó en la Sorbona.
El 85 ganó el Primer Premio del Concurso Nacional
de Novela Grupo Guayaquil organizado por el Núcleo
del Guayas con su segunda novela "Tambores para
una canción perdida", escrita el 84. "Historia
mítica de Margarito el Cantador, negro cimarrón
que sin saber que ya había sido decretada la
manumisión de los esclavos por el General José
Maria Urbina, huyó durante cien años
y sin envejecer, recorriendo la historia republicana.
"Un hombre que descubre su ancestro, el universo
y sus dioses. Novela de elaboración lingüística
y poética con tono narrativo, profética
y ritual, con la que pagué mi deuda con la
negritud, escrita íntegramente en el Taller
Literario de Miguel Donoso Pareja, por lo que fue
una experiencia fascinadora".
Pocos días después
de su publicación Diego Araujo denunció
que las Décimas aparecidas en la obra habían
sido tomadas del libro de investigación sociológica
y literaria de Laura Hidalgo y aunque el asunto fue
debidamente aclarado, no dejó de causarle disgustos.
(2)
Ese año también
alcanzó el Primer Premio de S/. 100.000 en
el Concurso del Cuento de las Mil Palabras de la Revista
"Vistazo" con "El fantasma y el cuento
imposible" que incluyó en una Antalogía
editada por el Núcleo del Azuay y en la Colección
"Libros para el Pueblo", bajo el título
de "Palabra de Maromero" con varios otros
cuentos, incluso con uno inédito "Clown"
y fue contratado como Coordinador de los talleres
Literarios del Núcleo del Guayas.
(2) Jorge Velasco había
preparado una página donde consignaba su Agradecimiento
y citaba las Fuentes, que no envió al Concurso
para no ser identificado. Cuando la novela apareció
impresa, dicha página tampoco salió
por falla de la Editorial, quedando en pie la discusión
teórica que debió darse y no se dio,
de si un autor de ficción puede nutrirse de
los trabajos de los investigadores sin que eso vaya
en detrimento de su capacidad creadora, o si por el
contrario no lo debe hacer, lo cual sería absurdo.
El 88, la Universidad Técnica de Babahoyo dio
a la luz una selección suya "Clown y otros
cuentos". El 89 entró a la Dirección
Provincial de Cultura del Guayas de Técnico
docente y Jefe de Promoción Cultural. El 90
ingresó a la escuela de Arte Dramático
de la FACSO como profesor por contrato, y apareció
su tercera novela "El Ladrón de levita",
menos ambiciosa que sus anteriores pero que sin embargo
revela su alto oficio de escritor por ser "Una
recreación libre de un famoso personaje, en
donde todas las acciones convergen hacia un protagonista,
que es el que lleva el hilo conductor de la narrativa
en cuatro monólogos revelados por su conciencia,
que cuentan su vida. Alegato humano acerca de la trasgresión
de la norma en la realidad social".
En 1991 logró el Tercer
Premio del Concurso Nacional de Cuento del Diario
El Universo con S/. 2.000.000 por su libro "Desde
una oscura vigilia", volumen que delata a un
escritor "que utiliza permanentemente recursos
técnicos, con cuentos bien construidos, maestros
y aconteceres y ambientes subreales, casi existencialista".
Su estatura mediana, trigueño,
pelo negro y crespo, ojos de igual color.
En 1993 comenzó a trabajar
en la subdirección Provincial de Cultura del
Guayas.
En 1996 dio a la luz “En
nombre de un amor imaginario” que obtuvo el
Primer Premio en la IV Bienal de la Novela. La obra
contiene asuntos literarios englobantes y comienza
con la llegada de los miembros de la Misión
Geodésica francesa a la Audiencia de Quito
en el siglo XVIII y el matrimonio de Godín
con Isabel Grandmaisson y sus veinte años de
la espera en Riobamba.
Desde 1997 se encuentra trabajando
una edición crítica de las obras completas
de Hugo Mayo.
Resumen de la obra
Nada es igual después de un puñado de años. El sábado anterior
acompañé a Jorge Velasco en su visita al escenario real de El rincón de
los justos, publicada en 1983. En esa, su primera y más popular de todas
sus novelas, –ha publicado siete- la calle Colón, desde Machala hasta
Lorenzo de Garaycoa, es la principal vía del barrio Matavilela. Espacio
marginal habitado por una galería de personajes populares y sus
historias.
Pero ese retorno fue más que un tour literario. Un pretexto para
volver a conversar con Jorge Velasco Mackenzie, guayaquileño de 64 años.
Con quien casi éramos vecinos pero hicimos amistad hacia 1977, en la
época del grupo literario Sicoseo.
Asegura Velasco –fabulador a tiempo completo, con él casi nunca se
sabe qué es ficción y qué realidad- que en su familia no tuvo
antecedentes literarios pero su padre Alfredo Velasco inventaba y creaba
máquinas para sus fábricas artesanales de botones de tagua y luego de
fideos. “¡Ese señor era un sueño!”, exclama con su voz chillona.
Cuenta que de joven jugó béisbol: “Quería ser el primer ecuatoriano
en llegar a grandes ligas”. Pero dizque se retiró por una lesión en su
brazo derecho. A sus 20 años, pese a ser pésimo dibujante, en calidad de
oyente ingresó a la Escuela de Bellas Artes: “De tal manera que también
hice mis embarraditos. Sé templar una tela, sé jugar con los colores,
pero no soy pintor. Así de simple”. Ahí conoció al excelente pintor Juan
Villafuerte que escribía poesía. Al igual que Hernán Zúñiga Albán con
quien habían sido compañeros en el colegio Mercantil: “Hernán me sacó de
la ignorancia es un hombre al cual yo debería agradecerle”. Años
después, estudió literatura junto a Carlos Calderón Chico, amistad que
luego se rompió: “Él fue decisivo en mi vida. Murió y no pude pedirle
perdón por las cosas que nos hicimos”.
La luz del mediodía ilumina su rostro labrado por el tiempo. En
especial, el más reciente y tormentoso. Por su adicción alcohólica ha
estado dos veces asilado en clínicas. Reclusión con fruto literario: La
casa del fabulante, su reciente novela. Pero ese mediodía, dice que no
recuerda cómo aparecieron sus primeras frases literarias. Con certeza
Aeropuerto fue su primer cuento que en 1975 incluyó en De vuelta al
paraíso, el primero de sus numerosos libros de relatos.
En 1979, Velasco con el primer capítulo de El rincón de los justos
participa en un concurso organizado por Círculo de Lectores y gana una
beca de un año para viajar y escribir esa novela que se publica en 1983
con el siguiente comentario: “No sabe uno qué supera a qué, si la
sintaxis de sus personajes –Diablo Ocioso, la Leopa, Erasmo, Sebastián,
el equilibrista Cristof, la Narcisa Virgen y la Narcisa Puta, el Ojo
Mirador, etcétera- o el manejo del habla como escritura. De cualquier
forma, se trata de un excelente texto sobre la marginalidad de una
ciudad como Guayaquil que se mueve entre la transgresión y el
sacrificio, la violencia y la ternura, el odio y el amor”.
Por su adicción alcohólica ha estado dos veces asilado en clínicas. Reclusión con fruto literario: La casa del fabulante.
El sábado lo acompaño a Matavilela –zona conocida como La Cachinería-
y ya nada es igual en el parque La Victoria donde se presentaban
Cristof y una tribu de artistas del hambre y culebreros. Los antiguos
salones de bebida de la calle Pedro Moncayo, ahora son pulgueros de ropa
y a una librería popular que vende libros usados, entre ellos El rincón
de los justos. En la calle Colón, en un solar cercado, se marchita la
residencial Kennedy, ahí afuera antes las putas llegaban a las 08:00 a
ejercer su oficio, exhibiéndose como mercancía entre los tendidos de los
cachineros. Con Velasco caminando con cierta dificultad, arribamos a
Colón y Pío Montúfar donde han demolido el antiguo local del salón El
rincón de los justos, ahora existen unos comedores donde afuera pastan
trabajadoras sexuales y un montón de desempleados. Al lado, el patio de
las carretas es un garaje y el antiguo cine Lux que proyectaba películas
de acción y ahora es un templo evangélico.
Torturado por un sol infernal y con ganas de una cerveza helada,
Velasco recuerda que empezó a frecuentar esa zona cuando con Hernán
Zúñiga se fugaban del colegio Mercantil. ¿Y adónde iban?, indago y él
como queriendo convocar a sus fantasmas, exclama: “¡Al Rincón de los
justos! A chupar cerveza, yo bebía y Hernán salía a la esquina y se
fumaba su porro”. Era el único salón donde vendían cervezas por la
mañana y dejaba entrar a un par de menores de edad que escondían la
camisa del uniforme en una funda. Velasco, el fabulador, jura que en la
cantina había una imagen de la beata Narcisa de Jesús Martillo Morán y
una alcancía, que doña Encarnación le dijo que el antro se llamaba así:
“Porque todos somos injustos. –cita Velasco y narra- La salonera Narcisa
Puta sí existió, no sé si se llamaba así, ni me importa. Pero la dueña
sí era doña Encarnación y era devota de Narcisa. La gente iba, chupaba
ahí y depositaba un sucre en la alcancía. Realmente no investigué mucho,
el resto me lo inventé”. La novela la trabajó en dos años. Como siempre
de 05:00 a 08:30, escribiendo a mano sobre cuadernos universitarios.
Sus primeros lectores en México fueron Miguel Donoso y Fernando
Nieto, ellos leyeron las primeras 100 páginas, se entusiasmaron y lo
alentaron a seguir escribiendo la nueva novela de Guayaquil. “Yo mismo
me quedé sorprendido –reflexiona Velasco- porque conocía tanto ese
ambiente donde había pasado gran parte de mi vida”. También lo asombra
que El rincón de los justos se haya reeditado 10 veces y que quieran
hacer una película de su novela más popular.
Hasta hoy a Velasco le fascina el mundo de la Cachinería –ahora
visita la ubicada en la 25 y la A-. Ese sábado, volviendo al presente,
Jorge asegura que tres editoriales desean publicar La casa del
fabulante, novela en la que reinan la angustia, el miedo y la soledad.
Le pregunto quiénes son los personajes y responde: “Yo y todos los locos
que estaban metidos ahí en la clínica”.
Reina la tarde ya cuando entre reflexivo y sentimental, dice:
“Siempre, siempre he estado metido en la única república que tenemos los
escritores que es el lenguaje. Visto así, yo he tenido excesos y salgo
de esos excesos con ganas de seguir testimoniando esos excesos,
acercándome más al mundo. Aunque me encantaría ser como Monsiváis: morir
frente a mi mesa de trabajo. Porque mi vida, toda mi vida, todos los
días he respirado literatura y lenguaje”.
Nada es igual después de 30 años. Aunque ayer, hoy o mañana, si uno
abre El rincón de los justos siempre la magia comenzara así: “De noche,
el patio de las carretas quedaba vacío. Se aquietaban las ruedas...”.