miércoles, 13 de enero de 2016

Novelas Ecuatorianas Que Hicieron Historia

El Rincon De los Justos

Autor:Jorge Velasco Mackenzie   

 ESCRITOR.- Nació en Guayaquil el 16 de Enero de 1949. Hijo legítimo de Alfredo Velasco Hernández, industrial guayaquileño graduado en la escuela de la Filantrópica, propietario de una fábrica de botones de tagua que quebró cuando aparecieron los de plástico. Entonces instaló una fábrica de fideos que aún mantiene; y de Aída Mackenzie Zambrano, natural de Palestina, hija de propietarios agrícolas.
Fue el segundo de una familia de tres hermanos que alquilaban un departamento en Boyacá y Loja. Cuando tenía ocho años unos parientes subieron a su abuelo materno William Mackenzie muy enfermo. Era un hombronazo que tocaba muy bien la guitarra, hijo de un obrero de Jamaica vendido al país para lo del ferrocarril.
Durante unas vacaciones en el campo le dio la difteria y su madre. armándose de valor y con una simple hoja de afeitar le practicó la traqueotomía, introduciéndole por el orificio una pluma de pavo para que pudiera respirar. Enseguida fue traído a la Clínica Alcívar pero el viaje fue demorado por el lento paso de la gabarra sobre el río Daule. Después jugó Base Ball en la escuela fundada por el Prof. Ricardo Chacón.
En 1970 se graduó de Contador en el Colegio Mercantil. En sus ratos de ocio escribía poesía amatoria pero lo que más le interesaba eran las artes plásticas, así fue como ingresó de oyente nocturno a la Escuela de Bellas Artes, de la que salió en 1972, después de ser admitido en el Salón de Julio, por una excesiva conciencia autocrítica; dedicándose de lleno a la creación literaria y para contraer matrimonio con Ana Cabrera Anda. Habitan un departamento en el Callejón Zavala Gangotena y Los Ríos, donde han nacido sus tres hijos.
Ese año se matriculó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guayaquil y siguió estudios de Literatura hasta 1976 que logró la Licenciatura en Ciencias de la Educación.
En 1973 empezó a colaborar en el suplemento Paratodos de El Universo que dirigía Nancy Bravo de Ramsey con artículos de Arte y Literatura- relacionados con el boom latinoamericano, artistas y escritores ecuatorianos y hasta mantuvo algunas polémicas. Recuerda una con Alcino Ramírez y otra sobre orientación de la crítica con Sonia Manzano.
Ese año 73 comenzó a dictar las materias de Literatura e Idioma Nacional en el Colegio Particular "Zenón Vélez Viteri" por S/. 12 la hora, allí permaneció cuatro años.
El 74 viajó a Cali con Carlos Calderón Chico invitados por la Universidad del Valle al IV Congreso de la Nueva Narrativa Hispanoamericana y publicó su primer texto "Aeropuerto" en la importante revista quiteña "La Bufanda del Sol".
El 75 ganó el Primer Premio consistente en S/. 8.000 en el Concurso de Cuentos de la Universidad Técnica de Machala con "Aeropuerto", cuyo argumento se le ocurrió al despedir a una prima que viajaba a los Estados Unidos. También logró el Primer Premio del Concurso Nacional del Poema Mural organizado por la Municipalidad de Guayaquil. Rafael Díaz Ycaza, Presidente del Núcleo del Guayas, incluyó su primer libro de relatos "De Vuelta al Paraíso" en el Volumen cuarto de la Colección "Letras del Ecuador", que se abre con Aeropuerto y contiene ocho cuentos más, habiendo quedado finalista en el Concurso de la Universidad Católica de Quito. El libro se hizo solo, relata los conflictos de la adolescencia, la inclusión de una ideología definida por el Socialismo y el rechazo al sistema imperante. Aeropuerto fue reproducido el 76 en la revista "Puesto de Combate" de Bogotá y en "Ancas" de Caracas.
En 1977 Díaz Icaza le editó su segundo libro de relatos "Como gato en tempestad" en el volumen 52 de la misma colección. "Lo quiero como a un hijo que me nació enfermo. Soy consciente de sus defectos como también de su espontaneidad y frescura. Cuenta los problemas de la adultez y técnicamente aspiró al perfeccionamiento de la forma", ha dicho su autor.
Su amigo el poeta Fernando Nieto Cadena le llevó a la Universidad Técnica de Babahoyo como profesor accidental de las cátedras de Teoría Literaria y Poesía del Siglo XX. El 79 alcanzó la titularidad y aún continúa dictando ambas materias.
El 78 obtuvo el Segundo Premio de S/. 10.000 en el V Concurso Nacional de Poesía Medardo Ángel Silva de la Municipalidad de Guayaquil con "Manual de Acción Imaginaria".
Ese año conformó el grupo "Sicoseo”, palabra tomada del argot guayaquileño que equivale a algo conflictuado o a una tomadura de pelo. Sus miembros aspiraban a devolver a los temas populares cierto valor estético, desacralizar la literatura con una nueva actitud frente al trabajo literario, lejos de la inspiración romántica de antaño. Pensaban que escribir es algo tan agotador como cualquier otro trabajo. Hay que modelar el lenguaje, que en fin de cuentas es la herramienta de la que se valen los literatos para elaborar sus creaciones. Por eso escribir requiere una gota de inspiración y toneladas de transpiración. Pronto Sicoseo se haría un grupo famoso pues fue cuna de escritores de éxito. El grupo duró poco más de un año pero le sirvió para comprender que era necesaria una dedicación completa como escritor de ficciones.
El 79 presentó al Concurso organizado por el Círculo de Lectores con sede en Quito, el primero de los capítulos de una novela en ciernes, mentalizada bajo el título de "El Rincón de los Justos", y obtuvo una beca de un año para viajar por varios países de Europa. Estuvo en España, Italia y Portugal y tras siete meses de ausencia regresó por Canadá y México, antes de tiempo, porque extrañaba mucho a su familia (1)
Nuevamente en Guayaquil editó un tercer libro de relatos "Raymundo y la creación del mundo" dividido en el libro de Raymundo y en el libro del Mundo, con temas aislados originados en diferentes lugares y países, excepto la pequeña saga de Lomas de Sargentillo, escrita de un solo tirón y distribuida a través del libro como cuentos individuales. La obra tiene un personaje determinado y una circunstancia. Raymundo es todo el mundo, por tanto no tiene unidad sino más bien lineamientos generales.
"El contacto directo con destacados poetas de mi generación en grupos literarios de avanzada, me impulsó a antologar y prologar un libro sobre diecisiete poetas contemporáneos que tituló "Colectivo" y salió en 1980 en la colección "Imagen" de Luis Marín Nieto, "pero tuve serios conflictos personales con algunos escritores que no estuvieron conformes con mis apreciaciones y se sintieron afectados porque la crítica literaria en el Ecuador siempre se torna polémica y en ocasiones hasta peligrosa, quizá por eso no he reincidido en esta clase de obras.
El 81 editó en el Núcleo del Guayas un pequeño plaquet de poemas titulado “Algunos tambores que suenan así” en solo 46 pags. y 300 ejemplares edición casi clandestina por su parvedad. Y como consideró que era un libro demasiado personal, casi intimista, se arrepintió de su publicación y lo incineró en la terraza del edificio, salvándose una media docena de ejemplares que había distribuido entres sus más íntimos amigos. Por eso es una obra fantasma, que muy pocos conocen.

(1) La Beca consistía en $300 mensuales, más pasaje adicional por cada ciudad que visitase.
El 83 ganó el Primer Premio en el X Congreso Nacional de Relato José de la Cuadra de la Municipalidad de Guayaquil, consistente en $25.000 con su cuarto libro de cuentos “Músicos y Amaneceres” editado el 86 en Colombia mediante convenio con la editorial El Conejo en 10.000 ejemplares que se vendieron rápidamente.
También el 83 obtuvo el Primer Premio de $15.000 en el IX Congreso Nacional de obras de Teatro organizado por la Municipalidad de Guayaquil con “En esta casa de enfermos” editado en el N° 13 de la Revista de la Universidad Católica y estrenada en Julio del 91 en la Alianza Francesa por el grupo Dramático “Luz y Sombra”. La obra trata sobre un diálogo imaginario entre Gallegos Lara y Pablo Palacios, el uno cojo y el otro loco, producto de los conflictos planteados en la Dirección de la Revista “Sicoseo”.
También apareció ese mismo año su novela escrita en Europa “El Rincón de los Justos”, calificada no sin razón como una desgarradora visión sobre el mundo marginal Guayaquileño, incursión en el género populachero del suburbio del puerto –barrio imaginario de Mata Vivela- donde la gente vive de alienaciones cotidianas, de modestas ilusiones, de enfebrecidas obsesiones. Pathos heroico y anti heroico. Narrada en primera persona. Una obra maestra en su género y su autor pasó por derecho propio a constar en la lista de los mayores narradores ecuatorianos de todos los tiempos.
La obra obtuvo el 84 el Premio a la Mejor Novela editada en el país en el año anterior, de $100.000 para su autor y desde entonces ha visto tres ediciones, dos del Conejo, la segunda en la colección “Grandes Novelas Ecuatorianas” y la tercera en Libresa en 1991.
Jorge me ha referido que los estudiantes de la Escuela de Sociología de la Universidad de Guayaquil la tienen de texto para explicar la marginalidad de los personajes. Femando Itúrburo Rivadeneira incluyó su estudio, como parte de la tesis que sustentó en la Sorbona.
El 85 ganó el Primer Premio del Concurso Nacional de Novela Grupo Guayaquil organizado por el Núcleo del Guayas con su segunda novela "Tambores para una canción perdida", escrita el 84. "Historia mítica de Margarito el Cantador, negro cimarrón que sin saber que ya había sido decretada la manumisión de los esclavos por el General José Maria Urbina, huyó durante cien años y sin envejecer, recorriendo la historia republicana. "Un hombre que descubre su ancestro, el universo y sus dioses. Novela de elaboración lingüística y poética con tono narrativo, profética y ritual, con la que pagué mi deuda con la negritud, escrita íntegramente en el Taller Literario de Miguel Donoso Pareja, por lo que fue una experiencia fascinadora".
Pocos días después de su publicación Diego Araujo denunció que las Décimas aparecidas en la obra habían sido tomadas del libro de investigación sociológica y literaria de Laura Hidalgo y aunque el asunto fue debidamente aclarado, no dejó de causarle disgustos. (2)
Ese año también alcanzó el Primer Premio de S/. 100.000 en el Concurso del Cuento de las Mil Palabras de la Revista "Vistazo" con "El fantasma y el cuento imposible" que incluyó en una Antalogía editada por el Núcleo del Azuay y en la Colección "Libros para el Pueblo", bajo el título de "Palabra de Maromero" con varios otros cuentos, incluso con uno inédito "Clown" y fue contratado como Coordinador de los talleres Literarios del Núcleo del Guayas.
(2) Jorge Velasco había preparado una página donde consignaba su Agradecimiento y citaba las Fuentes, que no envió al Concurso para no ser identificado. Cuando la novela apareció impresa, dicha página tampoco salió por falla de la Editorial, quedando en pie la discusión teórica que debió darse y no se dio, de si un autor de ficción puede nutrirse de los trabajos de los investigadores sin que eso vaya en detrimento de su capacidad creadora, o si por el contrario no lo debe hacer, lo cual sería absurdo.
El 88, la Universidad Técnica de Babahoyo dio a la luz una selección suya "Clown y otros cuentos". El 89 entró a la Dirección Provincial de Cultura del Guayas de Técnico docente y Jefe de Promoción Cultural. El 90 ingresó a la escuela de Arte Dramático de la FACSO como profesor por contrato, y apareció su tercera novela "El Ladrón de levita", menos ambiciosa que sus anteriores pero que sin embargo revela su alto oficio de escritor por ser "Una recreación libre de un famoso personaje, en donde todas las acciones convergen hacia un protagonista, que es el que lleva el hilo conductor de la narrativa en cuatro monólogos revelados por su conciencia, que cuentan su vida. Alegato humano acerca de la trasgresión de la norma en la realidad social".
En 1991 logró el Tercer Premio del Concurso Nacional de Cuento del Diario El Universo con S/. 2.000.000 por su libro "Desde una oscura vigilia", volumen que delata a un escritor "que utiliza permanentemente recursos técnicos, con cuentos bien construidos, maestros y aconteceres y ambientes subreales, casi existencialista".
Su estatura mediana, trigueño, pelo negro y crespo, ojos de igual color.
En 1993 comenzó a trabajar en la subdirección Provincial de Cultura del Guayas.
En 1996 dio a la luz “En nombre de un amor imaginario” que obtuvo el Primer Premio en la IV Bienal de la Novela. La obra contiene asuntos literarios englobantes y comienza con la llegada de los miembros de la Misión Geodésica francesa a la Audiencia de Quito en el siglo XVIII y el matrimonio de Godín con Isabel Grandmaisson y sus veinte años de la espera en Riobamba.
Desde 1997 se encuentra trabajando una edición crítica de las obras completas de Hugo Mayo.
  
Resumen de la obra 
 
Nada es igual después de un puñado de años. El sábado anterior acompañé a Jorge Velasco en su visita al escenario real de El rincón de los justos, publicada en 1983. En esa, su primera y más popular de todas sus novelas, –ha publicado siete- la calle Colón, desde Machala hasta Lorenzo de Garaycoa, es la principal vía del barrio Matavilela. Espacio marginal habitado por una galería de personajes populares y sus historias.
Pero ese retorno fue más que un tour literario. Un pretexto para volver a conversar con Jorge Velasco Mackenzie, guayaquileño de 64 años. Con quien casi éramos vecinos pero hicimos amistad hacia 1977, en la época del grupo literario Sicoseo.
Asegura Velasco –fabulador a tiempo completo, con él casi nunca se sabe qué es ficción y qué realidad- que en su familia no tuvo antecedentes literarios pero su padre Alfredo Velasco inventaba y creaba máquinas para sus fábricas artesanales de botones de tagua y luego de fideos. “¡Ese señor era un sueño!”, exclama con su voz chillona.
Cuenta que de joven jugó béisbol: “Quería ser el primer ecuatoriano en llegar a grandes ligas”. Pero dizque se retiró por una lesión en su brazo derecho. A sus 20 años, pese a ser pésimo dibujante, en calidad de oyente ingresó a la Escuela de Bellas Artes: “De tal manera que también hice mis embarraditos. Sé templar una tela, sé jugar con los colores, pero no soy pintor. Así de simple”. Ahí conoció al excelente pintor Juan Villafuerte que escribía poesía. Al igual que Hernán Zúñiga Albán con quien habían sido compañeros en el colegio Mercantil: “Hernán me sacó de la ignorancia es un hombre al cual yo debería agradecerle”. Años después, estudió literatura junto a Carlos Calderón Chico, amistad que luego se rompió: “Él fue decisivo en mi vida. Murió y no pude pedirle perdón por las cosas que nos hicimos”.
La luz del mediodía ilumina su rostro labrado por el tiempo. En especial, el más reciente y tormentoso. Por su adicción alcohólica ha estado dos veces asilado en clínicas. Reclusión con fruto literario: La casa del fabulante, su reciente novela. Pero ese mediodía, dice que no recuerda cómo aparecieron sus primeras frases literarias. Con certeza Aeropuerto fue su primer cuento que en 1975 incluyó en De vuelta al paraíso, el primero de sus numerosos libros de relatos.
En 1979, Velasco con el primer capítulo de El rincón de los justos participa en un concurso organizado por Círculo de Lectores y gana una beca de un año para viajar y escribir esa novela que se publica en 1983 con el siguiente comentario: “No sabe uno qué supera a qué, si la sintaxis de sus personajes –Diablo Ocioso, la Leopa, Erasmo, Sebastián, el equilibrista Cristof, la Narcisa Virgen y la Narcisa Puta, el Ojo Mirador, etcétera- o el manejo del habla como escritura. De cualquier forma, se trata de un excelente texto sobre la marginalidad de una ciudad como Guayaquil que se mueve entre la transgresión y el sacrificio, la violencia y la ternura, el odio y el amor”.
Por su adicción alcohólica ha estado dos veces asilado en clínicas. Reclusión con fruto literario: La casa del fabulante.
El sábado lo acompaño a Matavilela –zona conocida como La Cachinería- y ya nada es igual en el parque La Victoria donde se presentaban Cristof y una tribu de artistas del hambre y culebreros. Los antiguos salones de bebida de la calle Pedro Moncayo, ahora son pulgueros de ropa y a una librería popular que vende libros usados, entre ellos El rincón de los justos. En la calle Colón, en un solar cercado, se marchita la residencial Kennedy, ahí afuera antes las putas llegaban a las 08:00 a ejercer su oficio, exhibiéndose como mercancía entre los tendidos de los cachineros. Con Velasco caminando con cierta dificultad, arribamos a Colón y Pío Montúfar donde han demolido el antiguo local del salón El rincón de los justos, ahora existen unos comedores donde afuera pastan trabajadoras sexuales y un montón de desempleados. Al lado, el patio de las carretas es un garaje y el antiguo cine Lux que proyectaba películas de acción y ahora es un templo evangélico.
Torturado por un sol infernal y con ganas de una cerveza helada, Velasco recuerda que empezó a frecuentar esa zona cuando con Hernán Zúñiga se fugaban del colegio Mercantil. ¿Y adónde iban?, indago y él como queriendo convocar a sus fantasmas, exclama: “¡Al Rincón de los justos! A chupar cerveza, yo bebía y Hernán salía a la esquina y se fumaba su porro”. Era el único salón donde vendían cervezas por la mañana y dejaba entrar a un par de menores de edad que escondían la camisa del uniforme en una funda. Velasco, el fabulador, jura que en la cantina había una imagen de la beata Narcisa de Jesús Martillo Morán y una alcancía, que doña Encarnación le dijo que el antro se llamaba así: “Porque todos somos injustos. –cita Velasco y narra- La salonera Narcisa Puta sí existió, no sé si se llamaba así, ni me importa. Pero la dueña sí era doña Encarnación y era devota de Narcisa. La gente iba, chupaba ahí y depositaba un sucre en la alcancía. Realmente no investigué mucho, el resto me lo inventé”. La novela la trabajó en dos años. Como siempre de 05:00 a 08:30, escribiendo a mano sobre cuadernos universitarios.
Sus primeros lectores en México fueron Miguel Donoso y Fernando Nieto, ellos leyeron las primeras 100 páginas, se entusiasmaron y lo alentaron a seguir escribiendo la nueva novela de Guayaquil. “Yo mismo me quedé sorprendido –reflexiona Velasco- porque conocía tanto ese ambiente donde había pasado gran parte de mi vida”. También lo asombra que El rincón de los justos se haya reeditado 10 veces y que quieran hacer una película de su novela más popular.
Hasta hoy a Velasco le fascina el mundo de la Cachinería –ahora visita la ubicada en la 25 y la A-. Ese sábado, volviendo al presente, Jorge asegura que tres editoriales desean publicar La casa del fabulante, novela en la que reinan la angustia, el miedo y la soledad. Le pregunto quiénes son los personajes y responde: “Yo y todos los locos que estaban metidos ahí en la clínica”.
Reina la tarde ya cuando entre reflexivo y sentimental, dice: “Siempre, siempre he estado metido en la única república que tenemos los escritores que es el lenguaje. Visto así, yo he tenido excesos y salgo de esos excesos con ganas de seguir testimoniando esos excesos, acercándome más al mundo. Aunque me encantaría ser como Monsiváis: morir frente a mi mesa de trabajo. Porque mi vida, toda mi vida, todos los días he respirado literatura y lenguaje”.
Nada es igual después de 30 años. Aunque ayer, hoy o mañana, si uno abre El rincón de los justos siempre la magia comenzara así: “De noche, el patio de las carretas quedaba vacío. Se aquietaban las ruedas...”.

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