miércoles, 13 de enero de 2016

Novelas Ecuatorianas Que Hicieron Historia

A  La  Costa

Autor: Luis Alfredo Martìnez

Nació el 23 de junio de 1869 en la finca La Liria, en Ambato, hijo del doctor Nicolás Martínez Vásconez y de la señora Adelaida Holguín Naranjo.3 A los seis años entró a la escuela La Merced. Para la secundaria se dirigió al colegio jesuita San Gabriel de Quito, sin embargo no completó sus estudios de bachiller, regresando a la finca La Liria luego de tomar varias clases de arte.1

En 1894 fue nombrado Teniente Político de Mulalillo, cargo en el que impuso vigilancia a los indígenas y a las facciones locales de la Iglesia Católica. Al año siguiente ayudó a impedir la reunión de miembros del partido conservador de Tungurahua con las fuerzas gobiernistas, dejando libre el camino a Eloy Alfaro en su marcha triunfante a la capital durante la Revolución liberal de Ecuador.3
El 1896 se casó con Rosario Mera Iturralde, hija de Juan León Mera. Dos años después ayudó a Manuel J. Calle en la Revista de Quito y publicó un libro sobre agricultura. Entre 1898 y 1899 fue diputado nacional por la Provincia de Tungurahua.1
A inicios de la década de 1900 pasó a ser administrador del Ingenio Valdez, en lo que entonces era la parroquia Milagro. De su estadía en la Costa adquirió polineuritis nerviosa, que lo dejó paralizado y postrado en cama por un largo período.1 Fue en este tiempo en que dictó a su esposa su obra cumbre, A la Costa,4 novela realista en que se describen los cambios sociales ocurridos en el país a finales del siglo XIX.3
En 1903 fue nombrado Ministerio de Instrucción Pública, cargo desde el cual fundó la Escuela de Bellas Artes y la Facultad de Ciencia en Quito y la Escuela Normal de Agricultura en Ambato. Dos años más tarde viajó a Nueva York con la intención de buscar ingenieros que realizaran estudios técnicos para su planeado ferrocal al Oriente, sin embargo, con la caída del gobierno de Alfaro en 1906, el ferrocarril que había ideado no pudo llevarse a cabo.3
Su esposa falleció en 1905 y su hija en 1906, dos hechos que lo marcaron fuertemente.1
En 1907 criticó las recientes decisiones políticas de Alfaro, llegando incluso a retarlo a muerte en un panfleto que hizo circular en la época.1

Resumen Corto   de "A la costa " 
 
Don Jacinto Ramírez y Doña Camila eran padres de Salvador, de carácter manso y pasivo, su hermana Mariana era el reverso de su hermano ambos criado con la moral católica.
La amiga más íntima de doña Camila era doña Rosaura Valle, vieja solterona, una figura repulsiva en la que sin dificultad se adivinaba la enemiga acérrima de la belleza, de la alegría y de la juventud, acabada por los malos tratos de la vida.
Salvador ya en la universidad conoce a Luciano Pérez con quien hizo la primera y única amistad de su vida. Luciano pronto en su corazón joven sintió el nacimiento de una verdadera pasión por Mariana el instinto le advirtió que Mariana también lo amaba, ambos estaban persuadidos de su mutuo cariño y con todo, nunca pudieron tener una conversación a solas en la que pudieran decirse lo que ambos sentían, eran amantes vergonzosos. Así estaban las cosas cuando la beata hizo la denuncia de las pretensiones de Luciano hacia Mariana
Mariana reconoció estar enamorada del joven Luciano, y enfrentó a su madre; Doña Camila muy rabiosa prohibió a su hija volver a hablar con Luciano e igual hizo con su hijo Salvador obligándole al joven romper la amistad. Pero sin embargo Mariana y Luciano en un encuentro clandestino, venciendo todos los obstáculos que les ponía esa sociedad cruel, se entregaron ese amor infinito, fugaz, inmortal.
Un día el doctor Ramírez regresó de la hacienda de Guayllabamba, y sintiéndose repentinamente enfermo muere. Dejándola a doña Camila y a sus dos hijos en orfandad
Mariana lloraba desconsolada en su cuarto, por la muerte de su padre y también porque se sentía impura, manchada, era una de tantas sacerdotisas del amor prohibido, sin hogar, sin virginidad.
Rosaura iba de tarde en tarde a tratar de convencer a Doña Camila para que obligue a su hija Mariana a dedicarse completamente a los asuntos de la iglesia. Poco a poco la muchacha se creó una gran ilusión con el padre Justiniano.
La beata y en complicidad con el cura Justiniano, llevó a Mariana a una solitaria casa, adecuada para albergar borrachos, rateros y prostitutas. Mariana sudando de angustia y vergüenza inexplicable, atravesó los sucios patios y entró al cuarto. Allí estaba esperándola, sentado en un sillón el padre Justiniano. La beata encontró algún pretexto los dejó solos y cerró la puerta por fuera con llave; dejando al cura realizar sus más bajos instintos de lujuria.

Años después Salvador y Luciano se reencuentran, teniendo este una gran curiosidad por su amada Mariana; Salvador le cuenta que Mariana se había convertido en una pérdida y lo peor; corrompida por un fraile que tenía de santo y que andaba por las calles sucia llevando en sus brazos a un niño, hijo del fraile infame.
Pero el reencuentro dura muy poco porque Luciano debía viajar a Europa y Salvador debía refundirse en una hacienda donde consigue trabajo. Ahí se gana la confianza de don Roberto, el amor de su hija Consuelo y el odio de Fajardo que pretendía desde hace mucho tiempo a la joven. Pasado el invierno llegó el dueño de la hacienda, el señor Velásquez, se enteró de todas la maldades que hacia Fajardo a Salvador, y enterándose del romance ayuda a los jóvenes para unirse en matrimonio. Siete mese habían pasado todo era dicha y felicidad, Salvador no se había sentido más feliz en su vida y a hora tendría otra dicha, pronto iba a ser padre, pues Consuelo le había confesado que llevaba en su vientre el fruto de su amor.
Pero una mañana de febrero, Salvador le cuenta a Consuelo que estaba enfermo, acostado en una cama poco a poco fue agravando. Consuelo, amor mío, decía Salvador, perdóname si te hago sufrir, pero debo decirte que muero. De la ventana se divisaba el ancho Guayas, y el majestuoso Chimborazo, eran las cuatro de la tarde cuando abrió la puerta un hombre alto, musculoso y bien vestido, era su amigo Luciano.
He averiguado por ti. Y ahora vengo a verte, pero en que estado, ¡Dios santo¡
Esta es mi mujer, dijo Salvador a Luciano, abrázala, te recomiendo a mi madre…Si ves a, a...a Mariana, dile que...le perdono ...no la maldigo… pobrecita, Me aho …Me ahogo… Consuelo... estoy…
No concluyó la frase...

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario